Una discusión, una llamada de teléfono, un paseo con el perro... Estos fueron los últimos acontecimientos vividos por Denise Suárez. Horas más tarde fue encontrada muerta en el salón de su casa por su hijo Gilberto.
Por la edad de Denise se podría deducir que, simplemente, su hora había llegado. No era muy mayor pero había superado ya los 60. No estaba en excelente forma física pero aquellos que la conocían hablaban de ella como de una mujer extremadamente elegante y cuidadosa de su imagen. Según la autopsia, falleció de muerte natural.Pero entonces, ¿por qué una denuncia por asesinato?
La tarde de su fallecimiento Denise telefoneó a una conocida y le contó entre lágrimas que había discutido con su hijo. Según esta amiga, Denise estaba desolada. Nunca Gilberto le había levantado la voz y esa tarde le había dicho cosas muy duras. Ella estaba entregada en cuerpo y alma a su hijo y vivía por y para él.
Horas después del fallecimiento de Denise su hijo salía con unos amigos a tomar unas copas. A la vuelta de esa "celebración", la policía se presentó en su casa para notificarle una denuncia anónima acusándolo del asesinato de su madre.
Gilberto tenía coartada. El testimonio de su compañero de trabajo Sauyai Ramaswani aseguraba que Gilberto, el día del fallecimiento de Denise, lo había pasado junto a él en el estudio de grabación en Capital City y que él mismo lo trajo de vuelta a casa en su coche. Al llegar, ambos descubrieron el cadáver de Denise.La misma noche en la que la policía cerró la investigación, dejando a Gilberto libre de cargos, éste organizó una fiesta en casa.
Gilberto Suárez es inocente. Así lo ha decretado la justicia. Pero alguien lo denunció por asesinato, y aseguró además tener pruebas contundentes que lo demostraban.
¿Quién es esa persona? ¿Por qué no sale a la luz con esos datos que dice conocer del fallecimiento de Denise? ¿Por qué la investigación se ha cerrado tan de golpe? ¿Quién es realmente Gilberto Suárez y a quién le debe su ascenso meteórico en su carrera como músico?Por el momento sólo nos queda especular.
Jaime Pérez
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