Jane y Santa, madre e hijo, disfrutaban hasta hace unos meses de una tranquila y apacible vida entre las montañas de Sim Ville. 
Pero para Santa su trabajo como ayudante de profesor en la escuela local de primaria y sus largas tardes sentado en el salón de casa con mamá y frente al fuego, no resultaban suficientes. Metido de lleno en los 40, sabía que algo le faltaba, pero qué, o mejor dicho, quién…

Pero para Santa su trabajo como ayudante de profesor en la escuela local de primaria y sus largas tardes sentado en el salón de casa con mamá y frente al fuego, no resultaban suficientes. Metido de lleno en los 40, sabía que algo le faltaba, pero qué, o mejor dicho, quién…La descubrió una tarde mientras pescaba. Por el lago se acercó una joven, Marisa Pérez, un tanto desaliñada y descuidada, pero que enseguida llamó la atención de Santa. Esta joven, optimista y despreocupada cambió la vida de los Clause.

Al principio, y muy posiblemente aún hoy, Jane no vio con buenos ojos esa “intrusión” en su organizada vida y en la idea que ella se había hecho de cómo tendría que ser la vida de su hijo. Si algún día Santa quería buscar una novia, había otras muchas candidatas más idóneas. Pero Santa desoyó estas recomendaciones.
Marisa se instaló en casa de los Clause y al poco tiempo la familia se incrementó con el nacimiento de Stan.
Luego vino la boda, el inolvidable viaje de novios al parque
natural de Minook (donde Santa tuvo el privilegio de conocer nada menos que a Big Foot), y la inesperada llegada de los mellizos Walter y Chandler.¿Y mamá Clause? Pues asumió el papel de abuela abnegada como lo había hecho con el de madre. En definitiva, quería que su hijo fuera feliz y … “¡esos peques son tan lindos!” y “esta Marisa seguro que no les presta la atención que necesitan” y sobre todo “mejor me hacéis una habitación arriba, con los niños y yo los vigilo…”.

Trinity Wiseman
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